¡Te quiero más que a mi vida!

No. No quieres a tu hijo más que a tu vida. Eso es lo que tú mismo te dices, lo que le dices a otros y lo que le dices a él. ¿Puedo pedirte por favor que dejes de respirar durante un par de horas? Seguro que no… y eso, valiente padre o madre, es porque lo más importante en tu vida eres tú mismo.

Puede que ahora mismo estés negando con la cabeza, pensando en la cantidad de cosas que harías por tus hijos, y es porque nadie podrá negar jamás el amor que sientes por ellos, el sentimiento incomparable de amor que sentiste la primera vez que lo viste y lo orgullosa que te sientes de verlos crecer. ¿Podrías haberlo hecho mejor? Seguramente. ¿Podrías haberlo hecho peor? También. Créeme, lo has hecho perfectamente, en cada momento has actuado de tal manera que diste a tu hijo lo que necesitaba aprender en ese momento para crecer.

Pero ese no es el asunto que nos trae hasta aquí. Permíteme pedirte que mires tu reflejo en el espejo durante diez segundos, ¿qué ves? Seguramente hace mucho que no te miras fijamente, que no te encuentras con tu propia mirada. ¿Qué quiere la persona que ves en el espejo? ¿qué le gusta hacer? si tuviera un par de días libres y a solas en cualquier lugar que pudiese escoger ¿qué lugar sería y en qué emplearía su tiempo?

Muchas veces nos olvidamos de nuestra propia importancia, pero no nos engañemos, no es por nuestros hijos, no es por nuestros trabajos, no por nuestras parejas y ni tan siquiera es porque necesitamos descansar, sino porque tememos conocernos a nosotros mismos, conocer lo que somos, indagar y conectar con ese niño interior que abandonó sueños, que siguió los planes establecidos socialmente, aquel niño al que le dijeron que todo aquello que anhelaba era imposible o estaba hecho para otros…

¿Sabes qué? Hace muy poquito me vi tirada por los suelos coloreando un mandala en un taller maravilloso, y hacía tanto que no vivía esa sensación de libertad, de colores, de formas no establecidas que acabé reviviendo una época que tenía casi borrada de mi mente. ¡Y qué liberadora experiencia! Puede que se te pase por la cabeza que no tienes tiempo para esto, pero no te culpo, escuece mucho descubrirse, volar da miedo y en fin ¿para qué lo vamos a hacer? ¿para ser más felices? La felicidad hoy en día está sobrevalorada, ¿no? Casi es mejor seguir como hasta ahora…

Pero, por favor, no te mientas diciéndote que tu vida son tus hijos, y procura no decírselo a ellos, o subconscientemente se sentirán responsables de no fallarte, se sentirán responsables de “no alterar tu vida”, es decir, a sí mismos. No les responsabilices de tu vida, sé ejemplo en la suya. Cuídate, dedícate tiempo, sonríe, y será lo que ellos imiten y aprendan. Disfruta de tu pareja, haz ejercicio, repartid entre todos las tareas del hogar de manera justa, lee o colaborad sin intromisiones dentro de la familia. No dependáis emocionalmente o vitalmente del otro, acompañaos sanamente y regalaros lo mejor que hay en vosotros, solo necesitáis una cosa para ello, individualidad y conexión con vosotros mismos, pues todos sois válidos y únicos. ¿Recuerdas que no había nada mejor que ver a mamá o papá relajados siendo ellos mismos en esos días soleados de vacaciones en el mar?

«Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan»

Antoine de Saint-Exupéry

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