Mi hijo no quiere pasar tiempo conmigo

“Antes solo me buscaba, ahora pasa de mí”. Desde hace algún tiempo no reconoces en tu hijo a aquel niño que fue. Te pide que le dejes en paz, ya no te cuenta nada y por más que lo intentas, lo percibes cada vez más lejos de ti. ¿Se puede hacer algo al respecto en estas situaciones?

La adolescencia es una etapa realmente retadora para los padres. Llámalo “reto”. Sentir que tu hijo es un reto (y no una complicación) te alentará a buscar recursos y nuevas formas de actuar y ver las diferentes situaciones. Lo más conveniente es hacerse cuanto antes con esta actitud.

¿Qué le ha ocurrido?

Cuando son niños, sus profesores, sus padres y otras figuras adultas son quienes sustentan el rol de la autoridad: “si ellos son los mayores, hago lo mismo porque ellos ya saben lo que hay que hacer”.

Sin embargo, cuando la pre-adolescencia acecha, esto cambia. Su entorno social se amplía, y ya no solo pasan su tiempo libre con la familia, sino que comienzan a crear sus primeros círculos sociales, comenzando a elegir amistades con un criterio propio. Comienzan, cerebralmente, a desarrollar el pensamiento crítico, a discernir entre el bien y el mal o a buscar la manera de estar en el mundo.

Es precisamente ahora cuando se dan cuenta de que tú, como padre o madre, también te equivocas. Y el profe, e incluso el policía que aparca donde no debe. ¿Y ahora qué? ¿por qué “tenéis que” continuar siendo sus ejemplos?

¿Qué puedo hacer?

Como ves, este cambio es natural. Tu hijo no busca herirte ni tiene por qué sentir resentimiento. Únicamente necesita explorar. No obstante, aquí te doy cuatro pautas para que te vea “de otra manera”.

No insistas: esto solo empeora las cosas. Necesita explorar por necesidad propia, no porque te odie. Darle ese espacio supone un gran acto de confianza y también provocará que no quiera huir de ti, porque no habrá nada de qué huir.

Ábrete: cuando trabajo con padres, una de las primeras cosas que les pregunto es ¿tú le cuentas tus cosas a tu hijo/a?, cuya respuesta suele ser “no”. Luego vienen las excusas: “para no preocuparlo”, “porque le aburre”, etcétera. ¿Y si tu hijo pensase así? Porque créeme, lo hacen. Si sienten que comparten contigo, pero tú nunca lo haces, ¿cuánto cuentas con su opinión? Nosotros mismos nunca buscaríamos una pareja que no contase con nosotros, sin importar la razón.

Muéstrate humano: háblales (insisto, sin atosigar) no solo de tus cosas sino de cómo te hacen sentir. Los jóvenes son increíblemente vulnerables ante las emociones y sienten grandes deseos de ayudar. Comparte aquellos errores que cometes, cuéntales qué es lo que te gustaría o esperas de una situación, ¡de ellos incluso!

No te pases con la amabilidad: sigues siendo una figura de autoridad. No rebases tus límites o ignores tus valores por una hora de risas con tu hijo. En el futuro, va a lidiar con personas, y necesita que le digas “no”, a respetar aun teniendo que negociar aquello en lo que no está de acuerdo, entre otros. Necesita tu acompañamiento para desarrollar esto.

Como ves, más que hacer cosas para que cambie, se trata de ir aceptándolo y de respetar esta gran etapa. Si estamos continuamente encima de ellos, estropearemos un maravilloso caldo de cultivo para su crecimiento. Simplemente, quédate cerca. Te buscará.

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