La paternidad social

Vivimos en una sociedad en la que parece que compartimos absolutamente todo, y esto incluye la paternidad. ¿Cuántas veces te has sentido mal porque tu actuación como padre o madre no está bien vista? ¿Cuántas veces has deshonrado tus propios valores porque “se hace de otra manera”?

Me gustaría que recordases un momento feliz previo a tener hijos. Visualízate. ¿Qué te hacía sentir feliz? ¿el sentimiento de libertad para poder ir de acá para allá tal vez? ¿hacer lo que te diese la gana y que ya no puedes hacer? Si estás respondiendo que sí, quizás, solo quizás, sientas también una pequeña culpa, como si estuvieses fallando a alguien, a tus hijos. Seguro que no lo podrías decir en alto, sonaría fatal. Me gustaría que abrieses tus ojos y te vieses como lo que eres, una PERSONA, no solo una madre o un padre. Fallarás, por supuesto, y eso no te hace peor padre, te hace más HUMANO.

Como personas, tenemos creencias, unos pequeños patrones que se han ido dibujando en nuestras mentes y que hemos tomado como verdades, y muchas de ellas son sociales: “hay que ser buen padre” (¿qué significa “buen” aquí?), “hay que castigar a los hijos si no obedecen”, “si invitan a tu hijo al cumple, tú has de invitar también”, etc. Estos patrones no son realidades, tú, como padre o madre tienes el poder de crear tus propias realidades.

Nos han enseñado a que lo que hagamos debe estar “bien visto” por la sociedad, y esto no tiene por qué ser así. Tú tendrás tu propia forma de educar, tus recursos, tus ideas, y nadie tiene derecho a decirte cómo dirigir la educación de tus hijos. Al mismo tiempo te digo que tú serás la única persona responsable de que eso, en caso de ocurrir, te duela o afecte o ninguna de las dos. La importancia que tenga un comentario será proporcional en tamaño a la importancia que tú mismo le otorgues.

No existen las recetas mágicas, ni atajos, y hay maneras diferentes de lograr objetivos con tus hijos. Ni tú eres la misma persona que otros padres ni tus hijos son iguales a otros. La unicidad es lo bonito de la vida, somos únicos y todos diferentes. El método de toda la vida de tus padres no tiene por qué funcionar con tus propios hijos, ni tampoco el del vecino. Piensa y reflexiona, por tanto, sobre aquello que sí te funciona, aquello que hace que como padre o madre te sientas bien. Haz caso omiso de esos “Ah, ¿qué le dejas salir solo hasta esa hora?”, porque la paternidad o maternidad no se basan en una competición para saber quién se equivoca más, o lo hace mejor, sino en el amor por la familia.

Tu tarea como padre es la de acompañar, guiar y facilitar el crecimiento personal y profesional de tu hijo, no pulirlo o moldearlo a tu gusto o el de otro, y nadie sabrá mejor que tú cómo hacerlo. Si alguna vez te sientes perdido, busca ayuda u orientación profesional, no obstante, una vez más, desde el amor y porque salga de ti. No le debes apariencias a nadie. Ya lo haces muy bien y solo por haber dado el paso de ser padre o madre, eres valiente. Enhorabuena.

 

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