Tú también te has tragado el cuento

Dejemos de mentir a los jóvenes. Tu hijo no es invencible. Tu alumno no es invencible. Tú no lo eres tampoco. Yo no lo soy. Mientras creamos en el “puedes con todo” no conseguiremos nada. Yo lo hice, y seguramente tú también te has tragado el cuento.

La cultura del positivismo está yendo quizás demasiado lejos hoy en día y estamos permitiendo que mensajes como el “Hoy es el mejor día de tu vida” nos invadan. Esto tiene que parar en algún momento. Ha de frenarse ese afán por confiar en que solo viendo el lado positivo de todo seremos felices, porque es una mentira enorme que solo está causando más y más daño, primero a nosotros y luego, aunque no necesariamente por este orden, a nuestros hijos o alumnos adolescentes.

¿Y por qué no es mejor sonreír y ver el lado bueno de las cosas? No me malinterpretes. Sonreír es dar luz al mundo, y creo que lo más bonito que puede hacer una persona por sí misma y por los demás. Ver el lado bueno de las cosas nos ayuda a ganar perspectiva y a no caer en tristezas o estados de ánimo devastadores. Todo esto es tremendamente beneficioso. Sin embargo, lo que no apoyo en ningún caso es el hecho de ver la felicidad tan solo cuando estos actos tienen lugar. La felicidad entendida como que todo es “chachi piruli” es el arma que hoy en día llevamos impresa en estuches, paraguas o agendas, y peor, en la mente.

Nos han vendido un cuento que nunca ha existido y en el que no debemos creer. Una vez nos contaron el de los príncipes que fueron felices y comieron perdices, y más tarde nos dimos cuenta de que nos lo habían contado un poco distorsionado. Entendimos que tras la súper boda había una convivencia, y que, seguramente, aun amándose mucho, Cenicienta un día se cansó de hacer croquetas y el príncipe de mandar mails al reino entero. Que, seguramente, no les gustaban las mismas cosas en televisión o que cuando uno quería dialogar, el otro estaba demasiado cansado. ¿Qué repercusión tiene esto? Crecimos con expectativas sobre las relaciones, y cuando éstas toman un rumbo más real que de cuento, nos frustramos, nos preguntamos si es lo único que merecemos, o qué hemos hecho mal.

Actualmente, el cuento se disfraza de motivación. Estamos bombardeados continuamente con mensajes que aluden a nuestros superpoderes, al poder de la sonrisa o al “todo depende de lo positivo que estés”. Y yo te pregunto, ¿qué es la felicidad? ¿es eso que estos mensajes muestran? En estos mensajes y en esta nueva filosofía yo lo que encuentro es frustración. Encuentro la misma frustración que en los cuentos de hadas. Algún día me he sorprendido a mí misma sintiéndome triste, sintiéndome desmotivada para ponerme con las tareas diarias y desganada o aburrida. ¿Sabes qué era lo peor? Sentirme mal por sentir esas cosas, sentir que no era capaz de dejar de sentir tristeza, apatía o miedo. Para mí nada fue más autorrevelador que reconocerme humana y llegar la conclusión un buen día de que esos sentimientos eran parte de mí y que algo tenía que aprender de ellos también.

Dejamos que nos influyan para comprar, para vender, para convencer, para ponernos en marcha…No permitamos que nos influyan para sentir. Aprendamos, y ayudemos a comprender a los jóvenes que la felicidad no es estar radiante siempre, que la tristeza y el miedo son naturales y humanos, que si un día no quieres sonreír hay algo necesitas resolver, y que tienes mucho tiempo para sentirte alegre. Que no, que probablemente no conseguirá todo aquello que anhela aunque sí la mayoría si se lo propone, no porque no sea válido, sino porque a veces, simplemente, no ocurre. Y lo importante e inteligente aquí será saber aceptar y fijar una nueva meta, o retomarlo con un enfoque distinto. Ayudemosles a comprender que esas fotos de Instagram en las cuales ven personas felices muestran momentos, no vidas. Que, a veces, quieres reír tanto para vivir acorde a todos estos mensajes que te olvidas que ese día no te apetece, y que es igual de válido. Que vivimos en un mundo de máscaras en el cual quien más muestra, más vive, y no vemos que “mal vive” en muchos casos. No vemos que la mayor parte no se ve.

¿Qué hago? ¿Tiro mi agenda súper happy ahora? ¡Ni se te ocurra! Yo uso estas modas también. Lo importante, como en todo, es el cómo las usas. Estar siempre alegre y ser siempre positivo (o en la mayoría de ocasiones) no te va a aportar felicidad. La felicidad no es el fin que tienes que alcanzar, sino un modo de vida. El optimismo te va a ayudar a que lo menos bueno no duela tanto, y a ver color allá donde está todo gris, a no dejarte arrastrar por emociones menos agradables. Deja que te ayude a modular tu ánimo de una manera realista. No obstante, acepta también que sin lluvia no hay arco iris, sin lágrimas no hay sonrisas, sin enfados no hay límites, sin negro no hay blanco.

Permítete ser persona y disfrutar del sabor de cada momento. “Amargo” también es un sabor, más o menos agradable, pero lo es. Y negarnos a aceptar que lo amargo, lo apagado, lo gris o lo turbio forman parte de nosotros y la vida es negar la vida misma. Así que transforma el mensaje, porque tal vez hoy “no sea el mejor día de tu vida” pero sí que “vivirás una felicidad más real si lo vives a tu manera”.

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